Neon Genesis Evangelion – ¿Una obra maestra?

Una de las cuestiones que me planteo en numerosas ocasiones como alguien que escribe reseñas es “¿qué hace a una obra de ficción buena?”. Depende de a quien preguntemos, se tomarán más en cuenta los aspectos formales y la estética, el trasfondo narrativo de la pieza o su popularidad y éxito durante su publicación. Sin embargo, un aspecto en el que se suele coincidir de forma casi unánime es en la importancia de la trascendencia de la obra, y de si esta es capaz de perdurar en la memoria colectiva con el avance del tiempo. En esta ocasión, os traigo mi reflexión del que, para bien o para mal, ha sido uno de los animes más influyentes en la industria de todos los tiempos, y que veinte años después del fin de su emisión sigue dando mucho de qué hablar. Os presento mi review de Neon Genesis Evangelion, la entrega original de la franquicia.

La serie fue producida en 1995 por el estudio Gainax, uno de los más veteranos de la animación japonesa, que en aquel entonces se encontraba en horas bajas situándose al borde de la bancarrota, y Evangelion fue su última baza, que como imaginaréis fue muy beneficiosa y les salvó de la situación. Esta producción fue una obra original, al igual que la mayoría de producciones relevantes del estudio, que fue dirigida, escrita y producida por Hideaki Anno, uno de los fundadores de la compañía.

A pesar de que por regla general los animes de este estudio son bastante decentes en cuanto a su apartado artístico, en Evangelion la falta de presupuesto se notó mucho, y la calidad de la animación decayó notablemente a lo largo que avanzaba la serie, y eso afectó no sólo al aspecto técnico, sino también a cómo se desarrollaron los capítulos finales de la cinta.

La serie nos sitúa en un futuro postapocalíptico, tras una catástrofe natural similar a la que produjo el impacto del meteorito que provocó la extinción masiva de especies del Cretácico. Este suceso acabó con la mitad de la población humana y recibió el nombre de “Segundo impacto“, y en él influyeron unas criaturas de origen desconocido denominadas Ángeles. Ante esta situación, las Naciones Unidas crearon una fuerza especial para luchar contra los Ángeles: la agencia Nerv; al igual que una serie de Mechas con suficiente poder destructivo para vencerlos, los Evangelions.

La trama narra la historia de Shinji Ikari, el hijo del director de Nerv, que ante el ataque de un Ángel quince años después de la tragedia, es forzado a convertirse en el piloto de una de estas máquinas, que por motivos no revelados tan solo pueden ser pilotadas por chicos de catorce años.

La trama de Evangelion es uno de sus puntos fuertes y por lo que más se le recuerda. Aunque por cómo es su planteamiento no parece distinto de otra serie de su género, fue capaz de subvertir totalmente lo que se esperaba de un anime Mecha convencional hasta ese momento, y es algo que se puede apreciar desde sus episodios iniciales. A un ritmo sosegado, el espectador se va dando cuenta de que hay mucho más en el escenario que robots luchando contra monstruos, y la obra derivará en una trama psicológica con temas existenciales.

Sin embargo, esta evolución no es tan equilibrada como hubiera podido ser, ya que hay mucha desconexión entre unas escenas y otras, y la cantidad de información revelada de forma casi subliminal aumenta exponencialmente en el tramo final, hasta llegar a unos dos últimos capítulos que desconectan absolutamente con la trama de la serie y son un auténtico festival de referencias filosóficas, con pura forma sin casi ningún fondo. No digo que sean malos episodios per se, pero como final de la serie son terribles, ya que no dan ninguna sensación de cierre y dejan una infinidad de preguntas sin contestar y sin suficientes premisas para que el espectador pueda sacar una conclusión satisfactoria. Muchos, incluyendo a Hideaki Anno, dirían que fue un final totalmente intencional y “abierto” a lo que cada uno quisiera interpretar, pero a mi parecer eso simplemente no es cierto. Si así fuera, no lo hubiera repetido. Dos veces. Pero eso es un tema para otra review…

El gran acierto y a su vez problema que tiene Evangelion es precisamente esto: su pretenciosidad. A pesar de que consigue gratamente implicar al receptor en su compleja historia, muchas veces también se atribuye el mérito de tratar en una sola obra temas filosóficos, religiosos y científicos con igual respeto, algo que creo que en la mayoría de los casos es sólo fachada. Muchas de sus referencias religiosas son tan solo una amalgama de nombres sacados de religiones abrahámicas que poco o nada tienen que ver con lo que están referenciando (los nombres de los Ángeles, los Manuscritos del Mar Muerto, el Informe Marduk, etc.) y que no aportan nada a la serie de ninguna forma significativa. Me parece que calificar a Hideaki Anno de “genio” por este tipo de cuestiones es exagerar, especialmente cuando no hace falta irse muy lejos para encontrar referencias y metáforas que tienen sentido narrativo en este medio. Os animo a ver cualquier obra de Masaaki Yuasa y compararla con esta.

Evangelion

Sin embargo, un aspecto que sí tiene una buena evolución y considero casi impecable son los personajes que intervienen en la serie. Evangelion tiene el que probablemente es el mejor estudio de personajes que he visto en un anime. El protagonista, Shinji, es un chico con graves problemas de autoestima y al que le cuesta mucho socializar, y que se ve avocado a luchar contra su voluntad para evitar la destrucción del planeta, lo cuál lo sume en una espiral aún mayor de desconfianza. Su madre falleció cuando él era pequeño y su padre le odia y lo utiliza cuando le conviene, en este caso para pilotar un Eva; y la única que lo acoge después de su llegada a Nerv es Misato Katsuragi, la tercera al mando de Nerv y la estratega en las operaciones contra los Ángeles. Los otros dos personajes principales serían Rei Ayanami, la piloto del Eva-00, una chica hermética y sumida en una depresión constante que tiene una relación de carácter desconocido con el padre de Shinji, y Asuka Langley Souryuu, otra piloto introducida en el episodio ocho, que muestra un espítitu competitivo-agresivo constante y un enorme complejo de superioridad, o al menos eso es lo que aparenta.

Todos estos personajes están dañados psicológicamente por algún motivo u otro, e intentarán afrontar sus problemas de diferentes formas, influyendo sobre los demás y tejiendo una evolución casi perfecta. Considero que los mejores episodios de la serie son los seis primeros, por cómo consiguen establecer de forma magistral a Shinji y a Misato, y la relación de ambos con el universo contra el que se enfrentan. Posteriormente, los sucesos que acaecen en la obra van modelando a los personajes, especialmente a Shinji. Quizá el ejemplo más notable es que tras la aparición de Asuka el tono de la serie se vuelve mucho más relajado durante un periodo de tiempo, por cómo su aparición hace mella en el protagonista, haciéndole ocultar su lado más patético.

En palabras del propio autor “estos personajes no son quienes quisiéramos ser, son quienes somos”. Las dobleces que muestran en algunas situaciones, el cambio de registro que pueden mostrar dependiendo del momento y todos los sentimientos que reprimen por la estabilidad moral común en una situación tan convulsa es lo que los hacen tan interesantes. Los protagonistas no son heroicos ni antiheroicos, como podríamos clasificar al elenco de personajes de prácticamente cualquier serie del género, sino que simplemente son personas.

Si la serie resulta difícil de describir en cuanto a su temática y guión, creo que su animación es incluso más difícil de tratar. A causa de su bajo presupuesto, tuvieron que recortar por dónde pudieron y durante muchos capítulos veréis escenas con juegos de luces que tapan la cara de los personajes, para tener que evitar animar conversaciones. En varios capítulos también dejan una imagen estática con o sin conversación de fondo durante varios minutos, lo cuál puede ser realmente frustrante llegado un punto, y es fácilmente observable por cualquiera que lo vea. Conforme va avanzando la serie, se van repitiendo escenas y planos de capítulos anteriores. A decir verdad, no creo que estos recursos estuviesen muy mal usados, es muy obvio que trataron de ahorrar, pero todo esto se compensa con la animación de las batallas, que en su gran mayoría son bastante decentes, especialmente las que ocurren durante la primera mitad de la producción.

Sin embargo, donde finalmente se perdió el rumbo en el aspecto técnico fue en los dos episodios finales. En aquel momento, la poca calidad de la animación que tenía la serie en su mayor parte desapareció totalmente, y en su lugar tuvimos muchísimas escenas repetidas de otros capítulos mezcladas con bocetos de los personajes. El final de Evangelion no fue sólo un desastre en cuanto a su narrativa, sino también en cuanto a su animación, dejando un muy mal sabor de boca a la mayoría de espectadores.

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El último episodio fue casi irrisorio.

A pesar de esto, algo que considero muy positivo en este aspecto es el excelente uso del lenguaje cinematográfico que realiza la serie, sobre todo en sus episodios iniciales. Los planos con los que nos presentan su mundo ayuda mucho a implicar al espectador en su universo durante el episodio piloto, y al final del segundo episodio consigue marcar la radical diferencia entre Evangelion y cualquier otro anime Mecha. Conforme va avanzando, este uso se va diluyendo, en parte porque ya era innecesario una vez marcado su estilo, y también por la falta de fondos.

El apartado sonoro de la serie si bien no es excepcional, demuestra una mayor calidad que su animación. La banda sonora acompaña muy bien a la mayoría de escenas de la serie, y aunque en su mayoría no hablamos de canciones excepcionales dignas de escucharse por cuenta propia, sí que hacen un gran trabajo marcando el ritmo de la obra. Si que me gustaría resaltar el tema principal de batalla, “Decisive Battle“, una canción que muestra muchas variantes a lo largo de la serie construyendo perfectamente la tensión de las peleas, y que para mí sin duda es la mejor canción de la banda sonora. Su opening, “Zankoku na Tenshi no Teeze“, es probablemente el tema más recordado de toda la franquicia, una canción pegadiza y que a día de hoy sigue siendo uno de los temas más reconocidos del anime en general. En cuanto a su ending no puedo darles mucho crédito, ya que se trata de la famosísima canción “Fly Me to the Moon” de Bart Howard, interpretada por las dobladoras de los personajes principales. A pesar de no ser una canción original, estas versiones gozan de bastante calidad, especialmente la de Megumi Hayashibara, la seiyuu de Rei Ayanami.

Tanto por los temas que trata, como por su originalidad y desarrollo, puedo entender perfectamente el atractivo de esta serie. Se ganó la fama a pulso por muchos motivos, pero no comparto esa calificación de “obra maestra” que suele atribuírsele. Técnicamente no es ningún portento, y la trama no llega a ningún lado, pero consiguió hacer evolucionar el género de una manera que ningún otro había conseguido. Es de visionado obligado para cualquier fan de los Mechas o para los que quieran un buen mindfuck sobre el que pensar, pero si no os atraen este tipo de elementos o si os aterra una mala animación, sentíos libres de dejarla pasar.Eva-01_bandage_face.png

Puntuación final: 8.5/10

Si buscáis animes similares a este que os puedan interesar, os dirijo hacia “Tengen Toppa Gurren Lagann“, otro obra original del género producido por Gainax, con un apartado técnico vastamente superior y centrado en la épica, con un desarrollo inigualable y que mejora notablemente con cada episodio; y hacia “Code Geass: Hangyaku no Lelouch“, una producción del estudio Sunrise con una trama compleja y centrada en el sentido de la revolución y los sacrificios para alcanzarla. Ambos animes muestran una clara influencia de Evangelion de una manera u otra, especialmente Code Geass a pesar de ser de otro estudio, y ambos se encuentran entre los mejores animes que he tenido el placer de ver.

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2 pensamientos en “Neon Genesis Evangelion – ¿Una obra maestra?

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