Hibike! Euphonium – Ensayo y acierto

Los animes musicales no son algo difícil de encontrar. Normalmente cuando pensamos en uno se nos vienen a la cabeza muchos Slice of Life con temas musicales y normalmente supeditados al humor, como es el caso de “K-On!” o incluso sátiras de grupos de metal, como “Detroit Metal City“, además de los millones de animes sobre idols que inundan el mercado. Sin embargo, muy pocas veces se suelen ver producciones basadas en bandas escolares de música clásica, especialmente si trata sus temas con la sensibilidad con la que los trata “Hibike! Euphonium“.

Este anime fue producido el pasado año 2015 por el estudio Kyoto Animation, el cual lleva brindándonos obras de bastante calidad desde la pasada década, casi siempre enfocadas hacia el Slice of Life, y desde el triunfo de K-On! es muy raro ver un anime de este estudio que no contenga elementos moe de alguna forma, incluso cuando producen animes con tramas sobrenaturales, como es el caso de “Kyoukai no Kanata”.

Las producciones de este estudio tienen muchos fans y detractores por este motivo. Desde mi punto de vista, la mayoría son generalmente bastante buenos, ya que todos cuentan con unos valores de producción impresionantes en cuando a banda sonora y animación, por lo que en cuanto a la “forma“, son excelentes.

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Los diseños, como cabría esperar, están muy en la línea de Kyoto Animation.

Sin embargo, en cuanto al “fondo“, a veces nos encontramos con series como “Haruhi Suzumiya” o “Clannad“, que de una manera u otra consiguen tener calidad en cuanto a sus personajes e historia; mientras que otras nos vemos ante series como “Chuunibyou demo koi ga shitai!“, que desciende mucho en calidad conforme avanza la trama, o “Musaigen no Phantom World” que ha sido poco más que carne de temporada con fanservice barato. Afortunadamente, con Hibike me parece que nos hemos topado con una serie de este primer grupo.

La serie abre presentándonos a una banda escolar de estudiantes de secundaria que, a pesar de haber logrado una buena clasificación en una competición regional, no consiguió llegar a la fase nacional del torneo. Hay alumnos que lo afrontan con frustración, mientras que otros, resignados y suponiendo de entrada que no iban a llegar de ninguna manera, siguen adelante.

Este último es el caso de Kumiko Oumae, la protagonista de la serie, que unos meses después comenzará bachillerato y se unirá la banda de su nuevo instituto. El profesor encargado de su nueva banda les dará a elegir entre simplemente practicar para divertirse o intentar competir y llegar a la fase nacional. Como era de esperar, la mayoría deciden intentar competir, y la votación es casi unánime. A partir de ahí el profesor les someterá a un entrenamiento estricto para participar primero  en campeonatos locales y mejorar el nivel deficiente del centro.

La trama de la serie está muy por encima de la que cabría esperar en cualquier anime musical, y el mayor inconveniente que le veo es que su presentación es lo más típico que os podáis echar a la cara, tiene una estructura muy similar a la de cualquier anime de torneos deportivos o escolares que hayáis visto, y además al ser una adaptación de novelas ligeras en 12 capítulos, podéis esperar dos arcos claramente diferenciados con algún capítulo irrelevante de por medio para rellenar, ya que normalmente una novela ligera solo da para cinco o a lo sumo seis capítulos de anime. En cuanto a eso no innova en absoluto, lo que es una pena, porque con lo inusual que era su premisa no se aprovecha de este aspecto. Otra de las pegas que tengo en este sentido es como termina, de una manera muy abrupta y sin una sensación de final. Sin embargo, hay una segunda temporada confirmada desde que salió, así que no es algo realmente a echarle en cara.

Sin embargo, tengo que decir que la historia en sí esta muy bien llevada, ya que representan a la perfección todos los conflictos que surgen en este tipo de asociaciones. Es muy fácil decir que vas a intentar competir, pero muy poca gente es capaz de sacrificar su tiempo y hacer el esfuerzo que requiere competir en música. Vemos la resignación de muchos componentes de la banda, el espíritu competitivo de algunos de ellos y las tensiones acumuladas de años anteriores de ciertos miembros. Cuando empecé a ver esta serie, no pensé que iba a tratar estos temas tan bien como lo hace, y pensaba que iba a hacerlo de una manera más infantil o siendo sobredramática, cuando hace todo lo contrario.

Además, consigue darle suficiente tiempo en escena a sus personajes, algo que es una hazaña teniendo en cuenta el poco tiempo y la enorme cantidad de miembros de la banda que juegan un papel en la serie. La serie desarrolla a muchos de los miembros y su relación con la banda y con la música sin dejar de lado a los personajes principales, algo que sería impensable en otra serie de trece episodios. Esta serie es un gran ejemplo de como condensar el tiempo en una obra sin abrumar al espectador, algo que por otra parte esto ya sería difícil, ya que tampoco se tratan temas de gran complejidad. Kumiko me parece una muy buena protagonista, ya que al principio es una chica poco empática y a la que no le preocupa en absoluto la banda, pero que siempre intenta quedar bien de cara a la galería; y a lo largo del desarrollo de la trama veremos como evoluciona a causa de su trato con sus compañeros, y la dedicación que algunos de estos muestran.

La serie también tiene una subtrama romántica, porque claro, en Japón al parecer la idea de “instituto” va instantáneamente ligada la de “romance”. Sin embargo, aunque no soy fan del género, en ese caso no me molestó en absoluto, y por varios motivos. Para empezar, siempre está en un segundo plano y no sustituye a los temas que trata esta obra, y por otra parte porque en este caso, tiene sentido. No es como en Chuunibyou, donde el romance es excesivamente dramático y completamente irreal, sino que es simplemente otra faceta más para explorar a los personajes. La relación más desarrollada será la de Kumiko y Reina, otro de los personajes principales, por lo que podéis esperar altas dosis de Shojo Ai en esta serie. Tomaos esto como deseéis.

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El yuri se masca en el ambiente durante toda la serie.

Por otra parte, en el apartado visual la serie se desenvuelve de forma espléndida. Y no sólo digo esto refiriéndome exclusivamente a la animación de la serie, que es de por sí todo lo pulida y fluida que se cabría esperar de una producción de este estudio, sino también a sus diseños. En Hibike, todos los miembros de la banda tienen un diseño propio, incluso si no tienen una sola línea de diálogo en toda la serie, algo que casi ningún estudio hace con sus extras por el arduo trabajo que supone, y que le otorga cierto grado de realismo al producto final. Este recurso está muy bien utilizado, ya que durante la inmensa mayoría de la serie estaremos viendo únicamente a miembros de la propia banda, por lo que es comprensible que estos miembros se distingan, y no sean personajes totalmente genéricos o que directamente los animen por 3D, como hace nuestro querido estudio A-1 Pictures.

Lo mismo podríamos decir del apartado sonoro, que hace un trabajo excepcional. Yo no soy una persona que sepa de música, toco el bajo eléctrico usando tablaturas, y creo que decir que “lo toco” ya constituye un insulto hacia todos los músicos profesionales, y sin embargo pude distinguir perfectamente cuando algo una pieza estaba mejor tocada que otra o en ocasiones incluso cuando un instrumento estaba desafinado. No quiero ni imaginarme cuanto gastó Kyoto Animation en conseguir muestras musicales para todos los instrumentos por separado. En cuanto a la banda sonora como tal, es bastante correcta sin que haya nada realmente destacable. La opening es bastante pegadiza, y la ending es cantada por las dobladoras de los personajes principales, está bastante bien, pero no son algo que se os vaya a quedar demasiado tiempo en la cabeza. Pienso que la banda sonora acompaña bien a la serie, pero que no es algo para escucharse por separado.

En general, Hibike no es la octava maravilla, no tiene un planteamiento inicial demasiado innovador y tampoco crea un universo propio característico, sino que se amolda a un estilo de serie. Sin embargo, en ningún momento esperé encontrarme un desarrollo tan bien representado y que preste tanta atención al detalle, sin dejar de lado los temas que trata. Ayer se anunció que su secuela saldrá este otoño, y siendo sincero, es el anime que más expectación me genera de este año.

Sin duda, este fue uno de mis animes favoritos del pasado año, y se lo recomendaría a prácticamente cualquier fan de los Slice of Life, ya que trae un soplo de aire fresco a un género en el que la innovación y los elementos originales llegan con cuentagotas.

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Puntuación final: 8/10

Si buscáis otros animes por el estilo, en esta ocasión os dirijo sin duda alguna hacia “K-On!”, otro anime musical de este estudio, en este caso menos centrado en la música, y más en el humor, pero que va construyendo a fuego lento las relaciones entre sus personajes de una forma que uno no esperaría.

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